Raúl Gustavo Aguirre: poeta, antólogo, traductor y crítico nacido en Buenos Aires, Argentina (1927-1983).

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La embarcación-piano, Charles Cros

       La embarcaión se deliza con rapidez deslumbrante por el océano de la fantasía.

       Impulsada por los vigorosos esfuerzos de los remeros, esclavos de diversas razas imaginarias.

       Imaginarias, ya que sus perfiles son todos ellos inesperados, ya que sus torsos desnudos son de colores raros e imposibles en las razas reales.

       Los hay verdes, azules, rojos carmín, anaranjados, amarillos, bermellones, como en las pinturas murales egipcias.

       En medio de la embarcación sobresale un estrado y sobre el estrado un piano de cola muy largo.

       Una mujer, la Reina de las ficciones, está sentada ante el teclado. Bajo sus rosados dedos, el instrumento derrama sonidos aterciopelados y potentes, que cubren el murmullo de las olas y el jadear de los remeros.

       El océano de la fantasía ha sido domado; ninguna ola será lo bastante audaz como para hollar la superficie del piano, obra maestra de ebanistería hecha en palisandro brillante, ni para mojar el fieltro de los martillos u oxidar el acero de las cuerdas.

       La sinfonía señala la ruta a los remeros y al timonel.

       ¿Qué ruta?, ¿y a qué puerto conduce? Los remeros nada saben de esto, ni tampoco el timonel. Pero van, por el océano de la fantasía, siempre adelante, siempre más atrevidos.

       ¡Bogar, adelante, adelante!, la Reina de la ficción lo dice en su sinfonía sin fin. Cada milla recorrida es felicidad conquistada, ya que es acercarse a la finalidad suprema e inefable, aunque fuere inaccesible hasta lo infinito.

       ¡Adelante, adelante, adelante!

(Le Coffret de santal, 1873)

Rincón de un cuadro, Charles Cros

       Sensación de haschisch

Tibio y muy blanco era el seno.
Blanca del todo la gata.
El seno excitó a la gata
Y la gata arañó el seno.

Las orejas de la gata
Hacían sombra en el seno.
Rosa la punta del seno
Y la nariz de la gata.

Un signo oscuro en el seno
Intrigó mucho a la gata.
Pasó a otros juegos la gata
Y dejó desnudo el seno.

(Le Coffret de Santal, 1873.)

Libertad, Charles Cros

Al Norte, al Sur, al Este y al Oeste,
Los hedores de establo percibimos.
Nunca nos sentaremos a la mesa
De los felices, porque ya morimos.

Las princesas de bello parecer
Nos ofrecen sus dones más preciosos,
Pero nos vamos al desierto,
Olvidados, negados, poderosos.

Podemos ver la luna
Calma en un cielo oscuro.
¿Y qué moral?... ninguna.

Se irá al verte mi pena,
al tenerte en mis brazos esta noche,
Dulce amiga morena.

(Le Collier de Griffes, 1908.)