Raúl Gustavo Aguirre: poeta, antólogo, traductor y crítico nacido en Buenos Aires, Argentina (1927-1983).

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Arte poética, Paul Verlaine

Antes que nada música,
Y a lo Impar favorece,
Que se pierde en el aire
Sin que se pose o pese.

En la elección de tus palabras
Tienes que ser remiso:
Nada mejor que el canto gris
Que une lo Indeciso a lo Preciso.

La intensa claridad del mediodía
Se vuelve dulce si es de otoño el cielo,
¡Ese amasijo azul de las estrellas!
Son más bellos los ojos tras el velo.

Porque el matiz queremos todavía,
¡Y tan sólo el matiz, nunca el Color!
¡Oh, matiz, nuestra única esperanza,
Sueño en el sueño y canto en el rumor!

¡La Punta  criminal ten a distancia,
El espíritu cruel, la Risa impura,
Que hacen llorar los ojos de lo Azul
Con ese ajo de vulgar fritura!

Tuércele el cuello a la elocuencia
Y en este tren enérgico pretende
Que tu rima se esté más avisada.
¿Adónde irá si se la desatiende?

¿Quién dirá los errores de la rima?
¿Qué niño sordo o qué demente esclavo
Forjó esta hueca joya de un centavo
Que suena a falsedad bajo la lima?

¡Música entonces, todavía y siempre!
Que tu palabra tenga ese temblor
Del alma que uno siente cómo, alada,
Hacia otros cielos vuela y otro amor.

Que tu palabra sea la aventura
En el viento crucial de la mañana
Donde perfuman menta y mejorana...
Y todo el resto es literatura.

(Jadis et Naguère, 1884.)

Mi sueño familiar, Paul Verlaine

Tengo a menudo un sueño extraño y penetrante:
Una desconocida que amo y que me ama,
Y que en cada ocasión no es por entero ella
Ni es por entero otra, y me ama y me comprende.

Porque ella me comprende, y así mi corazón,
Claro para ella sola, ya no es un enigma,
Para ella sola, ay, y el sudor de mi rostro,
Ella sola lo sabe enjugar mientras llora.

¿Es rubia, pelirroja, morena? No lo sé.
¿Su nombre? Mi recuerdo es que es dulce y sonoro
Como la de mis amados que desterró la Vida.

Sus ojos se parecen a los de las estatuas,
Y su voz, que es serena, lejana y grave, tiene
La inflexión de otras voces queridas que han callado.

(Poèmes saturniens, 1866.)

Los falsos fuegos han ardido..., Paul Verlaine

Los falsos fuegos han ardido todo el día,
Y los vemos vibrar aún en el poniente,
Huye la tentación de la infame pendiente,
Cierra los ojos y ampárate, alma mía.

Ardieron todo el día en una larga llama,
Destruyeron las vides de las lomas, voltearon
Todo verdor del valle, y después asolaron
El cielo azul, el cielo que canta y te reclama.

Oh, palidece y une tus manos expiatorias.
¿Si esos ayeres fueran a matar otros días?
¿Si aún están en camino las viejas fantasías?

¿Habrá que destruir de nuevo esas memorias?
Un asalto furioso, sin duda el que más cuenta.
¡Oh, ve a rogar, mi alma, de cara a la tormenta!

(Sagesse, 1881.)