Raúl Gustavo Aguirre: poeta, antólogo, traductor y crítico nacido en Buenos Aires, Argentina (1927-1983).

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El bibliófilo, Max Jacob

       La encuadernación del libro es una redecilla dorada que retiene prisioneras cacatúas de mil colores, barcos cuyas velas son estampillas postales, sultanas que tienen paraísos sobre la cabeza para demostrar que son muy ricas. El libro retiene prisioneras heroínas que son muy pobres, barcos de vapor que son muy negros y pobres gorriones grises. El autor es una cabeza prisionera de una gran pared blanca (aludo al plastrón de su camisa).

(Le Cornet à Dés, 1917).

La señora ciega, Max Jacob

La señora ciega cuyos ojos sangran cuida de sus palabras
Ella no habla a nadie de sus males

Tiene cabellos parecidos al musgo
Y lleva joyas y pedrerías rojizas

La señora gorda y ciega cuyos ojos sangran
Escribe cartas prolijas con márgenes e interlíneas

Cuida los pliegues de su vestido de felpa
Y se esfuerza por hacer algo más

Y si no menciono a su cuñado
Es porque aquí este joven no merece el honor

Pues bebe por demás y emborracha a la ciega
Que ríe, ríe entonces y aúlla.

(Le Laboratoire central, 1921.)

La guerra, Max Jacob

       Los bulevares exteriores, de noche, están cubiertos de nieve; los bandidos son soldados; me atacan con risas y sables, me saquean: me escapo para ir a dar en otro cuadro. ¿Es el patio de un cuartel o el de una posada?, ¡cuántos sables!, ¡cuántos lanceros!, ¡nieva!, me pinchan con una jeringa: es un veneno para matarme, una cabeza de esqueleto cubierta con un crespón me muerde el dedo. Vagos reverberos arrojan sobre la nieve la claridad de mi muerte.

(Le Cornet à Dés, 1917.)

Paisaje, Max Jacob

       Noche carbuncosa de una estación; busco a la dama que tiene un velillo negro sobre el labio: la iluminación de gas no funciona y la ciudad está detrás de la noche. Un mozo de cordel danza con equipajes. ¿Vamos a vivir cerca del berro gigante de este río? Bajo el agua veríamos raíces de coral blanco bajo el esmalte del río: las casas, a esta hora, son como humaredas. ¡Oh noche carbuncosa de una estación!

(Les Œuvres burlesques et mystiques de Frère Matorel, 1912.)

Fantomas otra vez, Max Jacob

       El Señor y la Señora eran tan gastrónomos como estirados. La primera vez que el chef se les acercó, con el gorro en la mano, y les dijo: "Perdón, ¿el Señor y la Señora están satisfechos?", le contestaron: "Se lo haremos saber por el Maître". La segunda vez no contestaron. La tercera vez pensaron echarlo, pero no pudieron decidirse a ello, porque era un chef único. La cuarta vez (¡Dios mío, vivían en un extremo de París, estaban siempre solos, se aburrían tanto!), la cuarta vez comenzaron: "La salsa de alcaparras es estupenda, pero el canapé de perdiz estaba un poco duro". De allí se pasó a hablar de deportes, de política, de religión. Esto es lo que deseaba el chef, quien no era otro que Fantomas.

(Le Cornet à Dés, 1917.)

Fantomas, Max Jacob

       Sobre el aldabón de plata bruñida, mancillada por el tiempo, mancillada por el polvo del tiempo, una especie de Buda cincelado con la frente muy alta, las orejas colgantes, el aspecto de marinero o de gorila: era Fantomas. Tiraba de dos cuerdas para izar algo que ignoro. Su pie resbala; la vida le va en ello; es necesario alcanzar el pomo del llamador, el pomo de goma antes que la rata que lo va a horadar. Pero todo esto no es más que plata cincelada para un aldabón.

(Le Cornet à Dés, 1917.)

Amor al prójimo, Max Jacob

À Rousselot.

   
     ¿Quién vio al sapo cruzar una calle? Es todo un hombrecito: una muñeca no es más minúscula. Se arrastra sobre las rodillas: ¿tiene vergüenza, tal vez...? ¡No: es romántico! Una pierna se le retrasa, ¡y la vuelve a traer! ¿Adónde va, así? Sale del albañal, pobre clown. Nadie vio a este sapo en la calle. Antes nadie me veía en la calle, pero hoy los niños se burlan de mi estrella amarilla. ¡Sapo feliz! Tu no tienes estrella amarilla.

(Derniers poèmes en vers et en prose, 1945)