Raúl Gustavo Aguirre: poeta, antólogo, traductor y crítico nacido en Buenos Aires, Argentina (1927-1983).

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Al solo anhelo de poder viajar..., Stéphane Mallarmé

Al solo anhelo de poder viajar
Hacia una India espléndida y confusa
Este saludo haya de enviar
El tiempo, cabo que tu popa cruza

En tanto que sobre la verga baja
Que cabecea con la embarcación
Con demente aletear la espuma taja
Un nuevo pájaro de anunciación

Que monótonamente se lamenta,
Pero el timón su rumbo no varía
De una derivación que no se cuenta
Noche, desesperanza y pedrería

Y su canto refleja sobre el casco
Esa sonrisa pálida de vasco.

(Poésies, 1895.)

Tristeza de verano, Stéphane Mallarmé

El sol sobre el desierto, oh dormida adversaria,
A tus cabellos de oro da un lánguido calor
Y, al despojar de incienso tu mejilla contraria,
Prepara con las lágrimas un brebaje de amor.

De ese blanco fulgor la inmovil parsimonia,
Oh mis besos miedosos, te hizo decir con pena:
"Nunca jamás seremos una única momia
Bajo el feliz palmero y la senil arena."

Pero tu cabellera es un río caliente
Donde ahogar sin temores esta alma insistente
Y encontrar esa nada que tú no conociste.

El gusto de tu llanto conocerá mi boca,
Por ver si sabe dar al corazón que heriste
La insensibilidad del azur y la roca.

(Poésies, 1864.)

Una negra..., Stéphane Mallarmé

Una negra por el demonio sacudida
Quiso en un niño triste gustar de nuevos frutos
Y criminales bajo su veste agujereada.
Esta voraz prepara sus trabajos astutos:

Con su vientre compara dos airosos pezones
Y allá donde la mano no consigue ascender
Eleva el golpeteo sordo de sus tacones
Como una rara lengua torpe para el placer.

Contra la desnudez miedosa de gacela
Que tiembla, sobre el dorso, como un gran elefante
Enajenada aguarda y se admira y encela
Y ríe con sus dientes ingenuos al infante.

Y entre sus piernas donde su víctima se acuesta,
Bajo la crin la negra piel abierta al alzar,
La extraña boca su paladar manifiesta
Pálido y rosa como un caracol de mar.

(Poésies, 1864)

Homenaje, Stéphane Mallarmé

Toda Aurora aun aterida
De crispar un puño oscuro
Contra clarines de azur
Soplados por esa sorda

Al pastor que con su bota
Junto al bastón que da duro
Tendrá un camino mañana
Mientras salte el manantial

Por adelantado vives
Oh, solitario Puvis
De Chavannes
                     nunca solo

Si a beber llevas al tiempo
En la ninfa sin mortaja
Que le descubre tu Gloria

(Poésies, 1895.)

Don del poema, Stéphane Mallarmé

Aquí te traigo el niño de una noche idumea.
Negra y sangrienta el ala, quemada por la tea
Que en un vaso de aromas y de oros ardía,
Por los vidrios helados, hay, tristes todavía,
Sobre el candil angélico la aurora se arrojó,
¡Palmas! y cuando ella su reliquia mostró
A ese padre que intenta sonreír con enfado,
La soledad azul y estéril ha temblado.
Oh la canción de cuna, con tu hija y la inocencia
De los pies fríos, toma una horrible presencia
Y tu voz que recuerda a viola y clavecín,
¿Apretarás el seno con el dedo marchito
Por donde la blancura va en sibilino rito
Hacia labios sedientos en el azur sin fin?

(Poésies, 1865.)

La tumba de Edgard Poe, Stéphane Mallarmé

Como la eternidad lo transforma en Sí mismo,
El poeta se yergue con la desnuda espada
Sobre un siglo aterrado por el que fue ignorada
La muerte que triunfaba en esa voz de abismo.

Vil sobresalto de hidra que al ángel oyó dar
Al habla de la tribu un sentido más puro,
En voz alta anunciaron el bebido conjuro
De una negra mixtura en un innoble mar.

La tierra sea hostil, la nube nos repruebe,
Si no esculpe con ellos nuestra idea un relive
Que la tumba de Poe de su belleza invista.

Mole calma caída de un cataclismo oscuro,
Que este granito muestre para siempre su arista
A los vuelos de la Blasfemia en el futuro.


(Poésies, 1876.)

Toda el alma resumida..., Stéphane Mallarmé

Toda el alma resumida
Cuando lenta la expiramos
En anillos de humo
Abolidos en otros

Atestigua el cigarro
Ardiendo sabiamente
Que la ceniza se separa
De su claro beso de fuego

Así el coro de los romances
Del labio emprende el vuelo
Excluye de él si comienzas
Lo real porque vil

El sentido demasiado preciso malogra
Tu vaga literatura.

(Poèsies, 1895)

Brisa del mar, Stéphane Mallarmé

La carne es triste, ay, y todo lo he leído.
¡Huir, lejos, huir! Tan ebrias he sentido
Las aves que entre el cielo y la espuma se alejan.
Nada, ni los jardines que los ojos reflejan
Retendrá un corazón que se moja en el mar,
Oh noches, ni mi lámpara que suele iluminar
Sobre un papel vacío que guarda su blancura
Ni la joven esposa que mece su criatura.
¡He de partir! Steamer que inflas tu vela blanca,
¡Hacia una tierra exótica leva por fin el ancla!

Un pesar desolado por los crueles anhelos
Aún crece en el adiós final de los pañuelos.
Y tal vez esos mástiles que convocan presagios
Son de aquellos que un viento empuja hacia naufragios
Perdidos, ya sin mástiles ni islotes peregrinos.
¡Oye, mi corazón, cantar a los marinos!

(Poèsies,1865)